De todos es sabido la riqueza natural de Asturias y Cantabria, un paraíso para los que nos gustan las actividades al aire libre, ¿pero qué hacer con los niños cuando el mal tiempo hace acto de presencia?

Pasamos varias temporadas al año por el norte de España, ya os hablé del acuerdo prematrimonial que me une a la zona astur-cántabra… Estamos acostumbrados a su cambiante meteorología, pero antes de planificar una actividad es bueno pensar en un posible plan B, y si me apuras hasta C, estar preparado a la improvisación y no salir de casa sin el kit playero, el chubasquero, katiuskas y ropa de entretiempo.

Te proponemos tres planes con niños para no mojarse que harán las delicias de grandes y pequeños: un museo, una cueva y una vaquería.

  • Museo Jurásico de Asturias:

Acabamos en él después de un intento fallido por conocer la Sierra del Sueve y el mirador del Fitu, y es que cuando el orbayo empezó a arreciar con más fuerza se impuso sin dilación el plan B.

Llegamos a MUJA con una suave niebla que daba al lugar un halo de misterio muy propicio. Nuestra pekeña no salía de su asombro, eso de verse delante de semejantes bichos a tamaño real la dejó con la boca abierta; los que tenían dientes no parecían hacerle mucha gracia, sentía más simpatía por los “sin”, quizás por no ver peligrar su integridad física.

Mi_amigo_dinosaurio_pekebikers

Museo_Jurásico_Asturias_pekebikers

El museo se encuentra en Colunga, dentro de la llamada Costa de los Dinosaurios, y es que entre Gijón y Ribadesella se encuentra la mayor muestra de huellas de dinosaurio de toda Europa, es por ello que en 2004 se inaugura este singular edificio con forma de huella tridáctila que nos adentrará en el Triásico, Jurásico y Cretácico, “la era de los dinosaurios”.

Dinosaurios_MUJA_pekebikers

Realizan visitas guiadas gratuitas muy entretenidas y didácticas, de donde saldremos con la lección bien aprendida, sabiendo diferenciar a un dinosaurio de un reptil; también organizan talleres y juegos para los más pequeños y que podrás consultar en su web.

  • Cueva del Soplao:

Adentrarse en un mundo subterráneo cuando fuera cae el diluvio universal es entender como el agua se abre camino en la porosa piedra caliza y llega a formar, con el paso del tiempo, una cueva como la del soplao, única por la gran variedad de sus formaciones, y porque conviven en ella el valor geológico y un patrimonio minero de más de 20 kms de galerías.

Se nos plantean dos modalidades de visita, la turística que tiene la peculiaridad de entrar en la cueva montado en tren a través de una de las galerías mineras, o la de aventura que nos permitirá conocer las zonas menos accesibles de la cavidad como si fuéramos auténticos mineros, con casco con luz, mono y botas de agua, toda una experiencia para niños mayores de 13 años.

Un problema técnico con la cámara me impide adjuntar documentos gráficos, pero casi mejor, así apelamos al factor sorpresa.

Intentamos visitar también la cueva del pindal en Pimiango, con pinturas rupestres, pero llamamos para reservar y nos comentaron que solo se puede acceder con niños mayores de 7 años.

  • Vaquería Leche Cudaña:

Muy cerquita de la cueva del Soplao se encuentra esta vaquería familiar al mando de 6 hermanos, que han heredado tradición y sabor, pero incorporando la más alta tecnología para que sus vacas sean lo más felices posible y produzcan la mejor de las leches. Una nueva generación agrícola-ganadera que ha sabido darle un giro innovador a su negocio hasta convertirse en el segundo mejor criador nacional, nos lo cuentan orgullosos en una visita guiada y gratuita que realizamos este verano a su vaquería.

Vaquería_Cudaña_pekebikers

A Carolina, Marta…, vacas bautizadas con nombres de ex, no las vimos sonreir, su genética no se lo permite, pero sí las vimos darse algún empujoncito que otro por el rodillo masajeador que magrea sus negras y blancas carnes, o por entrar a ordeñarse, ellas solas, en Lely Astronaut, un robot inteligente que reconoce a la vaca, sabe las veces que le ha visitado, la cantidad de leche extraída y la que le falta por sacar hasta completar los 40 litros al día que producen. Una leche que estos hermanos venden fresca con el lema “de la ubre a la mesa” a través de una red de modernas dispensadoras de leche repartidas por la provincia, que nada tiene que ver con la que ellos llaman “leche en conserva”.

Antes de nuestra visita a la vaquería ya habíamos visto una de estas dispensadoras en San Vicente de la Barquera, pero la verdad es que nunca nos habíamos animado a probarla pensando que sería una leche de sabor muy fuerte; salimos de allí, como si de souvenirs se tratara, con varios quesos, algún litro de leche, y una quesada, y probablemente nuestro hábito de consumo se vea rectificado en nuestra próxima compra en el super. Su sabor es muy distinto a la del brick, suave, a veces con matices dulces, otras salado…, por no hablar de sus propiedades.

Fue una visita muy instructiva para los adultos y super divertida para los pequeños, que disfrutaron adentrándose, linterna en mano, en un laberinto hecho con el heno que comen las vacas, acariciando a los guardianes del recinto, unos perros hiper cariñosos con los niños, y dando el biberón a unos terneretes de lo más tiernos, momento estrella de la visita. Salimos encantados, aunque con el olor de las vaques impregnado en la ropa y pelo, menos mal que es un olor natural.

Al_rico_biberón_pekebikers

Biberón_vaca_cudaña

 

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