Saint Malo nos regaló unos días de quietud en lo que a itinerancia se refiere; se agradece disponer de un hogar al que volver cuando cae la noche, no tener que deshacer la alforja en busca de un calcetín limpio o poder cocinar algo de verdura para liberar el tracto gastrointestinal de tanta galette, salchicha bretona, mejillones con patatas fritas y Kouign Amann, dulce típico.

Quietud que no relax, porque no paramos un momento. Solo nos faltó poner el broche final a esta etapa del viaje con la visita al monte Saint Michel, pero un desafortunado malentendido hizo que no pudiéramos cuadrar nuestro horario con ninguna de las opciones para llegar a él. No llevarse las manos a la cabeza, en Rennes se nos presentaría una nueva oportunidad de conocer esta maravilla del mundo.

En el embarcadero de la esplanada de la Bourse nos estaría esperando el barquito que, por el módico precio de 10€/adulto, 6 niño y 10 minutos de trayecto, nos cruzaría la desembocadura del río Rance a Dinard para proseguir la ruta, tercera etapa de la Bretaña en bicicleta.

Cruzando el Rance camino a Dinars

Tendremos que callejear por Dinard y, a las afueras del pueblo, pasado un centro comercial, cogeremos una vía verde que, con rectas interminables, sin apenas desnivel y bajo otra dimensión clorofílica, nos conectará, 20 kilómetros después, con un camino conocido, ese que seguimos días antes en dirección a Saint Malo.

Vía Verde Dinard-Dinan

En escasos 25 km nos encontraremos en el puerto de Dinan sin apenas esfuerzo, solo sudaremos, si acaso, en la cuestecita que nos lleva al albergue internacional, donde nos alojaremos. Se encuentra ubicado en una zona muy tranquila y verde, a unos 15 minutos andando del centro, y aunque las habitaciones son muy básicas, nos dejaron una habitación de 8 para nosotros solos por 55€ con desayuno.

Esta etapa cortita nos permite aparcar las bicis y dedicar una visita a Dinan al estilo bretón, modo slow on, que la verdad, apetece; este pueblecito medieval que antaño se dedicara a la actividad comercial gracias al río Rance, se reinventa tras la construcción del viaducto y la llegada del ferrocarril, poniéndose al servicio del turismo. Pasear por este pueblo de cuento, de calles empedradas, casitas de colores y entramados de madera… es una delicia, más si tenéis la oportunidad de hacerlo caída la tarde o prontito por la mañana, sin los agobios de la globalización. Probad también a admirarlo desde lo alto de la muralla, las vistas no pueden ser más bonitas, tanto de sus calles como del puerto.

Viaducto Digan, Bretaña francesa

Calle Dinan, Bretaña francesa

La casa azul, Dinan, Bretaña

Puerto de Dinan desde la muralla

La cuarta etapa la emprendemos con pena, nos había gustado tanto este pueblo… e incertidumbre a la vez, ya que nos enfrentamos a la jornada más larga de toda la ruta, 86 km de nada.

Saliendo del albergue bajamos al puerto para seguir por el canal y deshacer el camino hecho hasta casi el alojamiento de Evran, unos 15 km aprox. Después, nos desviaremos por carreteras locales hacía una vía verde de vegetación muy densa, una vez más, con zonas de picnic, aseos y diversas estaciones de tren, alguna de ellas acondicionada, como la de Medreac, buen lugar para comer, pues cuenta con cafetería, mesas de picnic, museo y hasta un velo rail; 10 km habilitados de la antigua vía de tren “La Brohinière-Dinan-Dinard” por los que se circula con estos curiosos artilugios… Hasta aquí habremos hecho unos 40 km desde Dinan.

La Bretaña francesa

Velo rail Medreac, Bretaña

Nosotros, como ya tenemos nuestra particular aventura a dos ruedas, continuamos, a partir de Medreac por carreterillas con muy poco tráfico, paisaje de explotaciones ganaderas, cultivos de maíz, algún sube-baja… en definitiva, un paisaje que nos recuerda mucho a esas zonas del interior de Lugo del camino de Santiago sanabrés. Éste nos va metiendo por aldeíllas o núcleos de casas particulares, hasta que, llegando a Mauron, conectamos con un nuevo tramo de vía verde. Pasamos también por un laguito con columpios, pero estamos tan cansados y deseosos de llegar a nuestro alojamiento, que no paramos y proseguimos hasta toparnos con una indicación a Ville es Melais, donde nos salimos para llegar a la Maison d’hôtes Les Néfliers, a unos 700 metros de la vía verde.

Marie-Claude nos da la bienvenida a su pequeño oasis y sin saber cómo, con su escaso español e inglés y nuestro nulo francés, conseguimos entendernos. Pronto descubrimos que no estaba sola, su hija, yerno y nietas estaban unos días de visita, y dejamos que el yerno nos hiciera las veces de intérprete. Cenamos todos juntos “en familia” unas galettes recién hechas con salchicha, sidra casera, melón de la Galia… una velada única donde la charla se prolongó hasta que nos ofrecimos a trabajar para ellos en aquel entorno tan bonito. Marie-Claude y Jean-Claude tardaron 16 años en reconstruir esta granja, para convertirla el negocio que es hoy en día, muy rentable por cierto y que traspasan para disfrutar de una merecida jubilación ¿algún interesado?.

Les Nefliers, Bretaña

El track de la tercera etapa lo podéis descargar aquí, y el de la 4 aquí.

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