Comenzamos nuestro ciclar caribeño en la provincia de Holguín, aquella que te dará una visión auténtica de Cuba, la de las contradicciones que al principio te sorprenden, y que te acompañarán el resto del viaje. A 800 km de La Habana, y 10 horas de bus descubres el interior de Cuba con esa actitud caribeña que envuelve nuestro espíritu cicloturista ya de por sí acostumbrado al “slow travelling“. 

Realmente esta etapa empieza en La Habana Vieja; desde allí diez kilómetros cruzando la ciudad y recorriendo parte del Malecón con las primera luces, sin tráfico ni gente y con esa atmósfera que sólo se puede percibir al amanecer.Cuando se planifica un viaje como este y además con niños, se intenta tener todo bajo control, pero una vez “en ruta“ aparecen problemillas que tendrás que solucionar sobre la marcha, sabes que aparecerán pero no sabes de qué naturaleza serán.

El primer día nos dimos cuenta de algo que parecía evidente, y por ello quizá no lo vimos venir. Pekebikers en ruta es algo parecido “al circo ha llegado a tu ciudad.” Ver pasar cinco bicis arrastrando carros, Copilot y un Weehoo hace que la gente vuelva la cabeza, los niños te saluden y la gente te empiece a disparar con sus teléfonos móviles. Además puedes observar un enorme repertorio de gestos que van desde sorpresa, asentimiento, admiración hasta reprobación, con un claro mensaje de “mira esos padres y madres desaprensivos a qué tortura someten a esos pobres niños”.

Volviendo al tema, llegamos a la estación de Viazul y nos damos cuenta de que hay que meter en la bodega del autobús… A saber: 16 ruedas, 5 bicis, dos carros, una copilot, un Weehoo, 8 alforjas y una bolsa grande.Pues nada, manos a la obra. A desmontar ruedas, sillines, etc … y a intentar encajar todo eso en la bodega de tal manera que llegue en buenas condiciones hasta Holguín: nos esperan diez horas de traqueteo por las carretera cubanas.

Siguiente imprevisto (pasen y vean), llegamos sí, pero de noche; además todo lo que desarmamos tiene que ser armado de nuevo. Una vez encajadas todas las partes en las bicis en la semioscuridad de la estación salimos en busca de nuestra casa que se encuentra a 10 kms. Pero en Cuba de noche no hay alumbrado público, así que nos movemos cual murciélagos rodantes evitando socavones y roderas , buscando una calle en una ciudad donde no las señalizan con una placa y tachín ,tachán, donde muchas veces la misma calle tiene dos nombres, el oficial (el revolucionario) y el de toda la vida, que siguen utilizando los lugareños. Finalmente encontramos el alojamiento, cenamos algo y a la cama, mañana por fin comienza la aventura.

En Cuba las cosas llevan su ritmo, así que es mejor tener todo listo el día anterior. De lo contrario todo se retrasará al día siguiente. Así pues, antes de salir tuvimos que buscar agua y organizarnos, sin olvidar nada. En definitiva, salimos tarde en una etapa que nos esperaba con 92 kms por delante. Era, con mucho, la etapa más larga a la que nos enfrentábamos y al ser justo la primera, se nos hizo más “cuesta arriba” de lo normal. Hemos de decir y decimos, que de ahorraros una etapa de nuestra propuesta de ruta, sería esta. Quizá, es la que menos nos gustó, dado que sobre todo, en los primeros km al salir de Holguín había algo más de trafico de lo que viene siendo habitual en Cuba. Nada comparable con Europa, pero algo más. También puede ser recomendable dividirla en 2 y hacer parada en Cueto por ejemplo para hacerla más “livianita” como dirían los cubanos. 

Holguín a muchos ni os sonará porque no está dentro de los circuitos turísticos de Cuba, y eso la hacía más atractiva para nosotros. Atravesamos la ciudad a pedales por la mañana temprano y no nos puede gustar más esa sensación, coches antiguos, coches de caballos y gentes que nos miran y saludan a nuestro paso. Este viaje promete. 

Salimos y avanzamos rápido, pero también lo hace el calor, la ruta es llana con algunas lomas, nuestras e-bikes nos ayudan a superarlas sin perder excesivamente nuestro ritmo, no hay mucho tráfico, básicamente camiones que usan como autobuses y que son muy respetuosos con nosotros. El único problema es la humera que van dejando tras ellos.

Llegamos a Cueto en el momento en que el termómetro marca los 40º grados, pero ahí está el buen Dios ciclista que nos brinda la oportunidad de refugiarnos en el Club Siboney. Estamos salvados ¡aleluya ¡ Es un restaurante cubano para locales, no para turistas; es decir, un local que debió de ser ya antiguo en el momento de la inauguración en tiempos de Kruschev, encantadoramente soviético en la decoración, servicio y comida. Merece la pena extenderse un poco. Veamos , estos restaurantes tienen una cantidad de personal tal que generalmente es el doble o triple de los comensales a atender, lucen unos uniformes que le harían saltar las lágrimas al mismísimo David Hasselhoff y su coche fantástico Kit , el aire acondicionado chino convierte el local en un remedo de la Antártida (lo que obliga a abrigarte inmediatamente) y el menú suele ofrecer una larga lista de platos que por supuesto no tienen; ahora bien arroz, pollo y plátano frito los encontrarás siempre y en abundancia. También cervezas y refrescos fríos; eso sí, gastarás más en bebida que en comida, ésta siempre rica y muy barata.Nuestra llegada provoca la natural conmoción, ¡tienen que trabajar! y además con ”guiris”. La paquidérmica maquinaria socialista se pone en marcha, todos se miran, hasta que la maître se acerca a preguntar qué queremos. Ante nuestra requisitoria de querer alimentarnos, y tras comprobar que en la sala no hay nadie, da su consentimiento. A partir de ahí aparecen el encargado de ordenar las mesas y sillas, a continuación el que pregunta por las bebidas que serán servidas por el encargado de hacerlo, que a su vez se lo ha comunicado al encargado de la barra que le da la orden al guardián de la nevera; otra peculiaridad es que si cambias de opinión respecto a un plato de la comanda, la maître te repetirá concienzudamente toda la comanda desde el principio hasta el fin. Una vez encargado todo pasarán unas dos horas y media aproximadamente hasta que hayamos terminado de comer y estemos deseosos de salir al calorcito caribeño.

Cuando por fin salimos el calor ya ha aflojado, y nos recuperamos del frío del ya inolvidable para nosotros Club Siboney de Cueto. Pedaleamos alegres los treinta kilómetros hasta Mayarí que aparece al fondo de un valle tras subir una loma, el viento frontal nos hace sufrir un poco pero finalmente llegamos.

La casa reservada está ocupada por ingenieros chinos (señores, esto es Cuba). Los dueños, una pareja de médicos, nos preparan zumo de mango y nos consiguen otra casa, no problema, y gracias a que esto es Cuba en un abrir y cerrar de ojos estamos alojados en una casa con jardín y una anfitriona encantadora, nuestra querida Belki. Es hora tras ducharse de ir a cenar, en una terraza llena de plantas y respirando el embriagador aroma de las noches tropicales, el paladar karina, por favor si pasáis por Mayarí, no dejéis de parar en este paladar, son encantadores e incluso al día siguiente que era el cumpleaños de la que suscribe, el 1 de Agosto, consiguieron un trocito de tarta y unas velas que eso en Cuba no es fácil ni sencillo :-).

Estamos agotados, los niños se duermen en la mesa y los adultos charlamos sobre el día; Lola y Ángel recuerdan la última vez que pasaron por aquí con sus bicis. Quién les iba a decir que volverían años después pero ahora con su hija Lolucha y los “amazing “ pekebikers. Mañana nos esperan un par de días por Mayarí; playa y montaña antes de seguir la ruta. La vida es bella, pero con bicis y amigos es euforizante.

En Mayarí hacemos un par de excursiones por la zona, el primer día Belki nos recomendó ir a Cayo Saetia y aún se lo estamos agradeciendo. Aquí decidimos aparcar nuestras bicis por un día y vivir la experiencia de subirnos al coche de Abel, del 42!! los niños alucinaron. 

Cayo Saetia, es un islote situado en la bahía de Nipe unido a la tierra por un puente, y es un miniparaiso gestionado por militares y al que acuden de vez en cuando la gente del partido, momento en que lo cierran al público por lo que es recomendable llamar previamente. Actualmente es una reserva natural con 19 especies de animales exóticos, con lugares verdes y unas calitas de arena blanca que quitan el sentido. Tiene una pequeña cabaña-restaurante donde se puede comer algo, aunque muy básico, y lo mejor fueron los habitantes de la cabaña y alrededores, un montón de iguanas que tuvieron que “sufrir” la excitación de los niños observando muy cerca cada uno de sus movimientos. 

El segundo día nos encaminamos al Salto del Guayabo; un salto de agua de 650 mts, enclavado en medio de la selva tropical. El lugar es espectacular, algunos bajamos hasta la base en un corto y escarpado trekking, desde abajo la vista es impresionante y además te puedes dar un baño, el resto de la “expedición” se queda arriba en donde hay una especie de piscina donde te puedes bañar sin peligro y sobre todo unas vistas espectaculares del manto vegetal y de las montañas. Comemos mientras descarga una tormenta tropical , los niños disfrutan , todo es nuevo y diferente para ellos. Estar aquí ya ha merecido todo el esfuerzo realizado , así que estamos ya inquietos por seguir , pero eso es ya otra historia.

Y bueno, por ahora estos primeros días de nuestra aventura cubana nos deja así, con la boca abierta, y esto no ha hecho más que empezar 🙂 

Tenéis parte del track de la etapa aquí, y digo parte porque se me olvidó poner a grabar desde el principio, cosas del primer día. Aquí tenéis desde Cueto hasta Mayarí pero la primera parte no tiene pérdida con un mapa y preguntando llegáis fijo 🙂 

P.D. Como siempre agradecer a los nuevos miembros de la “familia pekebiker”,Angel y Lola, su ayuda inestimable para que este post vea la luz 

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