Tres eran tres los hayedos cercanos a una gran capital, el hayedo de Montejo, el de la Tejera negra y el de la Pedrosa. Tres eran tres y en este caso a cada cual más hermoso, aunque nos apostamos algo a que alguno de ellos no te sonaba hasta hace bien poco. Pues aquí estamos nosotras para descubrírtelo, el hayedo de la Pedrosa, porque aunque pequeño en tamaño, sus escasas 1000 hectareas son un placer para los sentidos, no teniendo nada que envidiar en belleza a sus dos hayedos vecinos.  

Nuestros lectores habituales ya sabéis que somos unas fanáticas del otoño, para nosotras estos bosques de hayas teñidos de ocre, de troncos retorcidos abrazados por musgos y líquenes, tienen un efecto casi terapéutico. Así que, cuando llega esta época, nos escapamos a descubrir nuevos destinos otoñales. Cuando terminéis de leer el post descubriréis que los pekes han debido de heredar este gen y parecían embriagados por el hechizo de estos paisajes impresionistas. 

El hayedo de la Pedrosa se encuentra en la localidad de Riofrío de Riaza, a 9 Km de Riaza, y a unos 137 km de Madrid. Desde Riofrío se asciende en dirección al puerto de la Quesera por la carretera SG-112, hasta que nos topamos con el hayedo hacia el km 11. No hay aparcamiento como tal a pie del hayedo, pero se puede dejar el coche a ambos lados de la carretera o aparcar arriba, en el puerto de la quesera, y bajar por la carretera hasta encontrar “la entrada” de este lugar mágico. Decir que tampoco está muy clara ni la entrada al hayedo ni las sendas a seguir, pero si os guiáis por vuestro instinto, sabréis encontrarlo, sentiréis la atracción de la arboleda, os introduciréis en sus entrañas y os dejaréis llevar por el bosque.

Lo sé, lo sé, todo esto es muy romántico y suena muy bien pero también ayudan los tracks de wikiloc para decidir la ruta a seguir. Aquí decir que wikiloc y la tecnología, nos gastó unas de sus bromas pesadas y no se grabó nuestro track. Sin embargo, os dejamos el que nosotros seguimos prácticamente en su totalidad, track.

Ascendimos por el Hayedo, unos mejor que otros, y es que en este caso los pekes nos dieron sopas con ondas, fue como si el bosque les hubiera embrujado y entre troncos y palos de las formas más variadas, fueron encontrando la manera de hacerse con la ascensión sin ninguna dificultad, jugando y riendo como pequeños habitantes de estos bosques de la tierra media.

Seguimos nuestro camino hayedo arriba en dirección a la Peña de la silla. Al salir del hayedo divisaréis enseguida el collado de los lobos, y no tenéis más que dirigiros hacia vuestra izquierda, siguiendo por la falda de la montaña hasta la Peña de la Silla.  Las vistas desde el collado de los lobos y la Peña de la silla son de esas que no olvidas, con el emblemático pico del Lobo a un lado, el embalse de Riofrío al fondo, y la inmensidad de la sierra de Ayllón con el Ocejón a lo lejos. En este lugar y a 1937 m, podréis disfrutar de un picnic la mar de agradable jugando a acertijos como, de donde viene el nombre de la Peña o el gran misterio del hayedo de la Pedrosa, como ha podido llegar hasta aquí el famoso camión de bomberos.

  • Tip senderista: En total, desde abajo hasta la peña de la silla son aproximadamente 400 metros de desnivel que los niños superaron sin problemas, hasta los más pekes de 4 añitos, el paraje les envolvió de tal manera que, no solo no oímos ninguna queja, sino que la mayoría pedían mas!. El mayor problema quizá puede ser la bajada, ya que con el precioso manto de hojas, algo húmedas, se torna un poco resbaladizo. En este caso, podéis volver desde el collado de los lobos hasta el puerto de la quesera por el camino y descender por la carretera para recuperar los coches. En nuestro caso nos dividimos y los niños bajaron de nuevo mejor que nosotros, con el clásico sistema “culete al suelo”

Y como punto final a un día inolvidable, las ya clásicas cañitas y tapas al solete en la villa de Riaza. 

Para terminar decir que, es de los 3 hayedos, es el único que no tiene acceso restringido, lo que en principio puede ser una ventaja por la facilidad que da el no tener que planificar y reservar con antelación, puede volverse en tu contra, y aunque nosotros fuimos tal que un 1 Noviembre y estábamos prácticamente solos, hemos oído que puede llegar a masificarse bastante, así que, recomendaríamos, ir entre semana, madrugar o intentar evitar esos días de buen tiempo y máximo esplendor otoñal. Sin duda el otoño es la época dorada de los hayedos, y es el momento en que visten sus mejores galas, pero este lugar tiene que ser también muy hermoso con el intenso verde primaveral. Nosotros repetiremos entonces.

¿Os animáis a conocerlo? Hemos de reconocer que dudábamos bastante de si compartir este lugar con todos era buena idea. Al ser de acceso libre, en nuestras manos está el conservar y proteger este microparaiso. Confiamos en nuestros lectores y en que probablemente amen la naturaleza tanto como nosotras, así pues, intentemos dejar el lugar intacto, respetando así el ritmo del bosque.

 

 

 

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