Un par de castillos medievales, un par de humeantes chimeneas de la central nuclear de Cofrentes, un cielo plomizo, un suelo húmedo y embarrado y un cañón profundo de acantilados amenazantes… podrían ser el escenario de una película alienígena de Ridley Scott, pero no: estamos en el interior de Valencia.

En concreto, nos situamos en el pueblo de Jalance, uno de los pueblos por los que pasan o del que salen varias de las nueve rutas propuestas por el Centro BTT El Valle de Cofrentes.

Desde aquí os proponemos 2 rutas. Decir que no son como las que habitualmente compartimos con vosotros sino que estas, tanto por el desnivel como por las características de la zona, creemos que no son del todo rutas estándar para familias cicloturistas, y no aptas para niños autónomos en sus bicis. Las compartimos para los más aguerridos, y porque es uno de esos sitios de los que si no te hablan probablemente desconoceríamos su existencia. 

1ª RUTA: “LOS CASTILLOS DEL VALLE” (variante de la Ruta 9 ) DE JALANCE A COFRENTES

EL BARRO

Jalance es un pueblo abrazado a una montaña, coronado por un imponente castillo que domina el pueblo y el valle, allí se refugiaron los últimos moriscos que se negaban a abandonar estas tierras en 1609, tratando de evitar su destierro al norte de África.

De Jalance a Ayora una pista recorre el fértil valle plagado de olivos y pinares, flanqueados por una pequeña cordillera paralela que apunta hacia el oeste. Iniciamos la ruta con ganas a pesar del día nuboso y fresco, pero a unos tres kilómetros del pueblo entramos en una pista que nos atrapa con un barro untuoso que transforma nuestras bicis en fat-bikes y nuestros zapatos en botas de buzo.

Valle de Jalance, Valencia

Inasequibles al desaliento y después del arduo proceso de esculpir nuestros neumáticos y calzado a su estado casi original, continuamos penosamente, pero una enorme balsa de barro que inunda el camino nos hace rendirnos.

EL PUEBLO

Toca improvisar, volvemos al pueblo e iniciamos su conquista, vamos subiendo hacia el castillo por su intrincado laberinto de callejas, pareciera que estuviéramos en un zoco marroquí. Finalmente llegamos al castillo y desde allí a la plaza de la iglesia delimitada por la antigua muralla exterior del castillo.

Hasta aquí pocos kilómetros pero extenuantes, paramos en la plaza a comer de picnic con vistas al valle que nos venció.

COFRENTES

A las afueras de Jalance nos asomamos a un balcón desde donde se ve un valle: es la plaza del rollo jurisdiccional o picota, aquí al menos los ajusticiados tenían bonitas vistas antes de iniciar su último viaje. Probablemente el único cambio en el paisaje desde entonces son las dos columnas gemelas de vapor que se elevan por detrás de las montañas, y es precisamente allí hacia donde nos dirigimos.

EN RUTA

Por fin dejamos atrás Jalance, una bajada trepidante por asfalto nos deposita en el valle: huertas, acequias y el Júcar escondido entre los cañaverales. Remontamos el valle y no es una metáfora, un puerto con rampas del 12% nos lleva a un altiplano. Desde aquí se intuyen los cañones del Júcar y se ven los aerogeneradores de la sierra del Boquerón.

Jalance-Cofrentes en bicicleta, Valencia

Atravesamos el altiplano para finalmente desviarnos hacia Cofrentes. Tras atravesar una bonita zona de monte bajo y pinares divisamos su castillo erguido en toda su mole sobre el río Cabriel. Su ubicación sobre una roca basáltica originada en un extinto volcán lo hace único en Europa.

Castillo de Cofrentes, Valencias

EPÍLOGO

Desde aquí se puede coger un camino circular de 10 kilómetros que discurre en su primera mitad junto al río Cabriel (Ruta 2 del Centro BTT), desde donde se tienen espectaculares vistas del pueblo y donde hay un área recreativa con columpios para poder hacer un picnic .

Visitamos el pueblo y el castillo por fuera, que al igual que Jalance no puede negar su origen árabe, un dédalo de callejuelas que invitan a pasear sin rumbo.

Volvemos a Jalance por carretera, se puede regresar por el mismo camino por el que hemos venido pero las condiciones de las pistas nos hace cambiar de idea, resumiendo, una ruta corta en kilómetros (26 kms + 10 si se hace la ruta del Cabriel) pero dura por la orografía, un terreno húmedo y un weehoo en modo arrastre.

En conclusión, se trata de una excursión interesante al combinar naturaleza, historia y pintoresquismo local, y también “inquietante” por la omnipresencia de las dos columnas de vapor de la central, que nos recuerdan que estamos en una nueva era geológica: el Antropoceno.

2ª RUTA: “LOS CAÑONES DEL JÚCAR” (variante de la Ruta 4)

Salimos de Jalance, y tras atravesar el pueblo, que parece un decorado, puesto que no nos encontramos ni un alma, bajamos como el día anterior al valle del Júcar y lo vamos remontando. Dejamos a nuestra derecha las duras rampas que tuvimos que subir el día anterior.

Entre huertas, olivos y monte bajo vamos girando hacia el oeste. Al fondo la peña del Buitre se recorta en el horizonte, gigantesca atalaya que domina el valle. Hacia allí pedaleamos en constante subida.

Tras llegar a una pista asfaltada que continúa por el valle y se dirige al pie de estas verticales paredes, nos desviamos hacia la derecha rumbo a nuestro destino final.

Esta pista pedregosa presenta dificultades técnicas, puesto que es una subida pronunciada sobre piedras sueltas, aunque es ciclable al 100%. Poco a poco ascendemos dejando a nuestra izquierda el profundo valle y unos verticales farallones a nuestra derecha; cuesta creer que estamos en Valencia.

Cañones del Jucar, Valencia

Finalmente y tras el penoso ascenso llegamos al final de la pista, desde donde se divisa la peña del Buitre, no sin antes pasar por debajo de una enorme pared vertical a través de una faja excavada bajo la misma. Un derrumbe corta el camino y desde allí el paisaje implora que lo fotografíes hasta la extenuación.

Cañones del Jucar, Valencia

Cañones del Júcar, Valencia

La vuelta es más cómoda ya que es todo bajada, aunque lenta porque las vistas imponen continuas paradas, y un picnic con vistas al cañón es algo innegociable.

Vistas de los cañones del Júcar, Valencia

La subida desde el valle hasta el pueblo es extenuante, pero con la promesa de una buena cena en el restaurante del polideportivo (bastante recomendable) no importa que sientas tus cuádriceps cual magma que amenaza con abrasarte, mientras que las ánimas de los moriscos te observan desde el castillo donde sucumbieron, ellos sí, abrasados.

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