Si pensamos en los Apalaches, inmediatamente nos imaginamos Norteamérica y sus montañas de la costa Este, pero lo que no mucha gente sabe es que no hay que irse tan lejos para disfrutar de un paisaje apalachense. Estamos hablando de Logrosán, en la provincia de Cáceres.

Logrosán definitivamente merece una visita, este pequeño pueblo enclavado en el corazón del Geoparque Villuercas Ibores Jara (geoparque mundial de la UNESCO) es ideal para conocer esta zona que, en el pasado, fue un importante centro minero de la extracción de fosforitas, y, como muchos otros, fueron perdiendo actividad hasta entrar en un letargo con el cierre definitivo de las minas.

Pero esta pequeña localidad intenta revitalizarse ofreciendo una serie de posibilidades interesantes que eviten su despoblación y pase a engrosar esa lista de pueblos que se suman a la España Vacía.

Logrosán es un pueblo acogedor, que ofrece diversas alternativas de alojamiento, incluyendo un área de autocaravanas bien equipada para aquellos viajeros más nómadas. Destacar el restaurante situado al lado de la mina Costanaza, donde se puede comer o tomar café en su terraza con vistas al valle.

En el mismo pueblo se puede visitar la mina Costanaza, en donde se explotaba su filón de fosforita y que estuvo activa desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Esta mina tiene 210 metros de profundidad y 14 plantas. El conjunto de galerías paralelas que integran la Mina del filón Costanaza resulta abrumador, pero sólo se visitan las dos galerías superiores habilitadas. Nos servimos de un ascensor para ello, que nos baja a sus entrañas para luego irlas recorriendo con una guía local comentando y explicando, con la autoridad de un capataz, el trabajo de los mineros, las betas de mineral, etc. Para finalizar se coge un pequeño tren que se ha rescatado del olvido y que servía para transportar el mineral al exterior. Esto, no hace falta decirlo, hace las delicias de los más pekes, junto con los cascos que debemos usar y el ambiente subterráneo, tan atractivo siempre para ellos.

Desde el mismo pueblo podemos seguir la Vía Verde que une Logrosán con Villanueva de la Serena, pero también en dirección contraria podemos adentrarnos en las montañas que nos conducen hacia el corazón del geoparque rumbo a Guadalupe, y que para los más aventureros también podemos conectar con la Vía Verde de la Jara para llegar al pueblo toledano de Calera y Chozas.

Logrosán – Villanueva de la Serena: de la dehesa a la “jungla”

Salimos del casco urbano hasta enlazar con la vía verde de las Vegas del Guadiana en la antigua estación del pueblo, que está abandonada. Poco a poco nos adentramos en un paisaje de dehesa, estamos en primavera y el campo está verde y repleto de flores entre un bosque disperso de encinas. Rapaces y cigüeñas vuelan a nuestro alrededor mientras que el sol empieza a calentar como sólo sabe hacerlo por estos lares.

Las sensaciones son muy agradables, aunque conviene elegir bien la estación en la que realizar esta ruta puesto que el verano puede ser un horno. La pista no diremos que está bien conservada pero es perfectamente ciclable.

Vamos recorriendo el valle y dejando atrás un paisaje de lejanas montañas y estaciones abandonadas. Finalmente llegamos a una gran estación cercana a la localidad de Madrigalejo donde un área de picnic invita a deternerse para almorzar y a que los peques correteen y jueguen. Aquí, como en el resto del camino, no hay agua, algo a tener en cuenta a la hora de organizar el trayecto.

A partir de aquí la vía está abandonada, la maleza ha invadido la vía y destrozado el suelo. Se puede atraversar ciclando, aunque con cuidado y recibiendo las caricias de las jaras. Antes de llegar a Villanueva de la Serena desaparece la “jungla” y cruzamos el Guadiana, llegando al destino final donde encontraremos todos los servicios que necesitemos.

En total nos salen como unos 55 kilómetros que atraviesan dehesas, tierras agrícolas y Zonas de Especial Protección de Aves (ZEPA) como las de Arrozales de Palazuelo y Guardaperales, las de Llanos de Zorita, el Embalse de Sierra Brava y la ZEPA de Vegas del Ruecas, Cubilar y Moheda Alta. Podéis descargar el track aquí.

Logrosán- Ermita Virgen de Belén: la belleza de los Apalaches

Otra posibilidad de ciclar es tomar rumbo hacia las montañas a través del Camino Natural de las Villuercas, pero si vas con niños “arrastrados” por algún artilugio remolcable, prepárate para sufrir pero también para disfrutar.

Salimos de la villa rumbo a las montañas, poco a poco vamos ascendiendo por un camino entre dehesas exuberantes y agua, puesto que los días anteriores había llovido con fuerza. Finalmente ascendemos hasta llegar al pueblo de Cañamero y tras atravesarlo tendremos que girar a la derecha y tras una rampa importante llegamos a lo más alto del pueblo. Desde allí, sin perder cota, seguimos una pista con unas vistas espectaculares del valle que discurre a nuestros pies y de las montañas cubiertas de vegetación con los afloramientos de rocas sedimentarias plegadas que forman este característico paisaje que se encuentra dentro del geoparque.

Desde allí iniciamos una bajada trepidante y algo peligrosa, marcada con un 17% de desnivel, que se puede ciclar con mucho cuidado aunque el final conviene hacerlo a pie (últimos 50 m) si vas con niños.

Una vez en el valle continuamos por senderos entre robledales hasta llegar al paraje donde se localiza la Ermita de la Virgen de Belén, en donde, en una pradera rodeada de colinas con bancos, podemos parar a recuperarnos y seguir camino o emprender el regreso a Logrosán.

Logrosán-Vuelta al cerro de San Cristobal

Otra actividad que podemos hacer con los pekes es dar un paseo circular rodeando el cerro de San Cristobal, un monte aislado de unos 560 metros de desnivel que sirve de esparcimiento a los vecinos de Logrosan. Cogeremos un camino ancho que parte de la ermita de la Virgen del Consuelo y que va rodeando dicho montículo por su falda. Ojo con salirse del camino porque, según nos comentaron unos vecinos, los arbustillos deben de estar plagaitos de unos diminutos seres garrapatienses. El track aquí.

Cañamero-Cueva Chiquita

A la salida del pueblo y andando durante un km por el camino de la nutria, paralelo al río ruecas y bajo los pies del pantano del Cancho del Fresno, un conjunto de pinturas dibujadas en una oquedad rocosa nos dan la bienvenida. Es divertido intentar dilucidar con los pekes el motivo de cada una de esas manchas que, de forma estóica, han aguantado ahí, estáticas, el paso de los años y las inclemencias meteorológicas.

Claro que, la sorpresa fue descubrir la leyenda de aquel lugar y es que, según cuentan, hubo un pastor que encontró, en esa ubicación, lo que parecía ser una pequeña culebra de las que deambulan por las aguas y márgenes del río ruecas.  Dicen que la cogió cierto aprecio y la llamó “Chiquita”, la cuidó y crió con la leche de sus cabras. Por las tardes se acercaba a la cueva y la llamaba, Chiquita, Chiquita, y ella acudía, pues sabía que anunciaba su rico manjar.

El caso es que el hombre tuvo que marchar a servir en las guerras de su Señor. Varios años estuvo fuera del pueblo y cuando volvió se dirigió rápìdamente en busca de su Chiquita. Pero al llegar, se  dió cuenta de que su pequeña criatura se había convertido en un dragón carnívoro que devoraba hombres y animales. El animal no reconoció a su amo y ÑAM, se lo comió. Tenéis el track de la ruta aquí.

Guadalupe

Bueno, y ¿qué decir de Guadalupe que no sepáis? Pues seguro que no sabéis que, aparte de ser el segundo centro de peregrinación más importante de España después de Santiago, considerarse Patrimonio de la Humanidad, figurar entre los pueblos más bonitos de España, ostententa también títulos tan sugerentes como el de “primera maravilla rural 2017 y OJO “pueblo más bonito y bueno de España” otorgado por la marca de bombones Ferrero Rocher, vamos, para comérselo.

Y ¿donde nos alojamos? pues en unos chozos super curiosos entre encinas a las afueras de Logrosan que prometían sacarnos del mundanal ruido…, hasta que, una boda se adueñó de nuestra paz, para poner el toque musical al fin de semana al ritmo de paquito chocolatero, eh, eh, eh.

 

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