El concepto “follower” siempre nos ha hecho mucha gracia, bueno, siempre NO, que éste, como tantos otros ciber-conceptos, han entrado a formar parte de nuestro argot hace relativamente poco. Mira tú por donde esta ruta se la debemos a uno de ellos, nuestro follower Ramón, ese que hace patria y que nos ha picado para bajar al sur, proporcionándonos información como para quedarnos allí durante un mes entero haciendo planes activos, comiendo coquinas y tortillitas de camarón, aunque, ironías del destino, nos quedamos salivando, y bien sabe la blanca paloma que lo intentamos, vaya que si lo intentamos.

Nuestro objetivo, hacer una vuelta circular por sitios tan emblemáticos como el Rocío, Doñana, San Lucar de Barrameda y el Guadalquivir. Y así es como damos comienzo a nuestro particular peregrinaje rociero, o la titan race rociera, también bautizada por algunos, y es que, fuera de las vías verdes donde todo es tan cómodo y sencillo, se abre un mundo infinito de aventuras e incertidumbres solo superables con la buena voluntad y amabilidad de estas gentes del sur ¡Va por ustedes!.

Elegimos el puente de mayo para tal menester, y con lo raruno que está siendo este año, disfrutamos de máximas de 18 grados en el sur, una temperatura más que agradable para rodar en bicicleta. Los casi 200 km de ruta los dividimos en tres jornadas, dejando una para el ocio y esparcimiento y otra para emprender la vuelta a casa, y escogimos Coria del Río como punto de inicio y fin.

Una vez nos reunimos los miembros de las 7 familias participantes, record absoluto pekebiker hasta la fecha, comenzamos en Coria la búsqueda del Guadalquivir para ir rodando brevemente paralelos a él, con la sorpresa de compartir vereda junto a un coche de caballos, y empezar a sentir la esencia de esta ruta. Callejeamos por la Puebla del Río, salimos a sus campos de cultivo, custodiados en ocasiones por lineales de verdes cactus, y cruzamos la carretera A8050 para, por entre caminos, ir paralelos a ella hasta la Cañada de los Pájaros, una laguna de gestión privada ubicada en los límites de la reserva natural de Doñana, donde podréis observar la avifauna más representativa de las marismas, alojaros en su casa rural para 2-4 personas, o comer un arroz con pato con vistas a este humedal.

cicloturismo por doñana

cicloturismo por doñana

Cicloturismo por doñana

Nosotros, como recién habíamos comenzado la etapa y todavía nos quedaban muchos kilómetros hasta nuestro destino, el Rocío, seguimos el trayecto con pena pensando en ese arrocito, pero, por suerte, nos estaba esperando la zona más bonita de la etapa, los pinares de Aznalcázar, arbustos, aucaliptus, soledad y primavera en su máximo esplendor, con zonas de merendero para un picnic deluxe.

cicloturismo por doñana

cicloturismo por doñana

Este es el paisaje que nos acompañaría hasta Villamarique, localidad en la que abandonaremos el camino para coger la llamada carretera de la fresa. Éramos bastante reacios a esta opción, pero la alternativa era el tedioso camino de la raya, con el cúmulo de arena que condensa, y ni nos lo planteamos. El trayecto por la carretera son como unos 20 km de línea recta con muy poco arcén pero con buena visibilidad y, yendo a buen ritmo, se pueden hacer rápido. Nosotros no pillamos mucho tráfico, pero sí que es verdad que algún fitipaldi iba a bastante más velocidad de la permitida. Ya al poco de llegar a el Rocío empezamos a ver los mares de plástico donde crece la fruta que le da nombre a esta carretera, al rato los barracones de los curritos que la trabajan, y después, lo que es más curioso, el trasiego de mujeres, suponemos que marroquís, andando por el ribazo de la carretera, enfundadas en sus vestimentas, y todas con el chaleco de tráfico amarillo fosforito como complemento.

Nos alojamos, la mayoría, que con el despliegue de personal que llevábamos…, en el camping la Aldea de el Rocío, y desde allí, dando un paseín, salimos a avituallarnos con nuestro primer pescaíto frito en el restaurante “punto de encuentro”. Callejear por el Rocío resulta muy curioso, sabes que estás en Andalucía por los faralaes, ese acento tan particular y melódico y las cofradías, si no, cualquiera hubiéramos dicho que nos encontrábamos en el lejano oeste: la imagen de las argollas en las fachadas para amarrar los caballos y las calles de arena playera, se ha quedado grabada en nuestra retina… solo nos faltaron las puertas de vaivén para entrar al restaurante.

La nuestra fue una visita fugaz, llegamos ya anocheciendo y al día siguiente debíamos madrugar para poder rodar con marea baja por la playa de Doñana, eso sí, vimos amanecer en la morada de la blanca paloma.

De el Rocío a Matalascañas tuvimos que ciclar de nuevo por carretera, otros 20 km aprox, pero en este tramo el arcén es muy ancho, lo que inspira mayor seguridad, y como tuvimos que madrugar, fuimos bastante tranquilos, bueno, tranquilos no, que nos pusimos a 17 km/hora. Según nos comentaron, hay opción de evitar la carretera por caminos, pero eso significaba incrementar mucho la etapa ya que hay que ir en sentido contrario por el camino del gato hacia aldea Cabezudos, y de ahí, por pistas, salir al encuentro del carril bici que une Mazagón con Matalascañas. En fín, no cuadraba con nuestro planning. Si tenéis suerte, igual os podéis cruzar con un lince y todo, aunque uno un tanto particular.

El resto de kilómetros, unos 30, son por la playa salvaje de Doñana, que une Matalascañas con la desembocadura del Guadalquivir, y donde tendremos que coger la barcaza que nos cruce a la vecina San Lucar de Barrameda. Ojo, este barco, dependiendo del estado de la marea, recoge a la gente en la playa, o más hacia la desembocadura. En cualquier caso, pasa con frecuencia y se le ve, así que, no preocuparse.

Era la primera vez que ciclábamos por la playa con los pekes y alforjas, toda una experiencia con un encanto muy especial, máxime tratándose de Doñana. Fue una etapa dura, pues aunque ruedes con la marea baja, había tramos en los que la bici se hundía y nos obligaba a sacar fuerzas de la nada. Conseguir llegar a tiempo para coger el barco y ciclar contra marea, nunca mejor dicho, se convirtió en un objetivo común entre padres e hijos, donde los pekes se involucraron como los que mas, bajándose en los tramos complicados de piscinas playeras, ayudando a empujar cuando era necesario, y entreteniendo a los papis cuando la moral se venía abajo. Fue la aventura perfecta para todos, pero en especial para los pekes.

cicloturismo por Doñana

pequeño pescador Doñana

Cicloturismo por Doñana

Barco Doñana San Lucar de Barrameda

Tip: empezar una hora u hora y media antes del punto más bajo de marea, a nosotros nos pilló un poco el toro. Otro tema importante a tener en cuenta es el grosor de las ruedas, cuanto más gruesas mejor, las estrechitas de las bicis híbridas se quedan clavadas en la arena y es imposible avanzar, palabrita del niño Jesús.

San Lucar de Barrameda es un pueblo con mucha vidilla. Aunque, supuestamente teníamos programada una nueva jornada ciclista para ir a costa ballena por el carril bici que sale de San Lucar y llega a Rota, después de la paliza de las dos jornadas anteriores, decidimos concedernos un día de descanso y dedicarlo a callejear y a comer. Siguiendo las recomendaciones de nuestro follower Ramón, visitamos el castillo de Santiago,  intentamos tomar un café en el patio del Palacio de los Duques de Medina Sidonia, muy bonito a simple vista, pero, según se percataron de nuestro desembarco nos invitaron a irnos, demasiado chic para 7 familias desarrapás juntas. Paseamos por el Bajo de Guía e intentamos cenar en el famoso Bigote, aunque, sin reserva, complicado. También tanteamos la posibilidad de hacer una incursión en Doñana con el barco Real Fernando, pero llamar así, en plan last minute, es lo que tiene, que nos quedamos con las ganas. En fin, que disfrutamos del pulular y de ver a los retoños darse el primer baño de la temporada, esto nos ayudó a recargar pilas para la última etapa de vuelta a Coria.

San Lucar de Barrameda

Los 80 km que creíamos nos devolverían a nuestro punto de partida se convirtieron en algo más de 90, la suerte es que son totalmente llanos y con buen firme, así que, iban cayendo como moscas. Circulamos por el llamado camino del práctico, en honor a esos marinos encargados de guiar a los barcos en aguas peligrosas o de tráfico intenso, en este caso las aguas multicolor del Guadalquivir, que tendremos siempre a nuestra izquierda discurriendo en paralelo.

camino del practico

camino del practico

La salida de San Lucar la haremos por el carril bici que pasa por el Bajo de Guía y en pocos kilómetros nos insertaremos en Bonanza y el pinar de la Algaida. A la salida de este bosque el paisaje se transforma totalmente en campos de cultivo, canales y sensación de aislamiento, solo dos pequeños oasis en medio de la llanura nos permitirán avituallarnos con una cervecita fresca o coca-cola en su defecto. Ofrecen también comidas, pero el primero, identificado con cartel de restaurante Manegodor, en el término de Trebujena, nos pillaba al inicio de la ruta cuando solo llevábamos unos 20 km de ruta, y el segundo, lo encontramos después de haber hecho picnic en las ruinas de una hacienda, y casi por casualidad cuando fuimos a mendigar agua pensando que era una casa particular. Una pena porque, es de esos sitios genuinos ocultos en la España profunda, punto de encuentro de agricultores, donde el menú cuesta 5€ y bien hubiera merecido una sobre mesa.

Pinar de la algaida

Salir de aquel lugar nos costó, pero cuando cruzamos el umbral, alzamos la vista, y nos vimos que mordor se nos venía encima, aquello fue un “pies para que os quiero”, modo turbo on, y posición bicho bola bajo el casco, para aguantar los embistes de los vientos huracanados y aquella tupida cortina de lluvia. Irremediablemente, mordor nos engulló y la titan race se convirtió en toda una carrera de supervivencia.

Lo peor se lo llevaron los niños que iban en follow me o copilot, el agua jarreaba sobre nosotros con fuerza y los pekes se asustaron, y así fue como algunos conocimos a Manuel y a su hijo. Paramos a refugiarnos bajo el tejado de una casa y sus inquilinos nos ofrecieron entrar, ventajas del cicloturismo. Manuel era ganadero, desde los 12 años llevaba el chico lidiando con las vacas para pasarse luego a la venta de cordero, nos estuvo hablando de sus 1500 ovejas y de la vida en estos parajes. Los pekes estuvieron escuchando las historias boquiabiertos, y es que aunque visitamos con frecuencia el entorno rural, el contraste de mundos a veces te sigue sorprendiendo.

Después de la tormenta hubo que lidiar con el barro, que dificultó mucho el avance. Los últimos kilómetros se nos hicieron eternos, de hecho, en el track, apreciaréis un desvío en la parte final que nos alejaría del Guadalquivir y del camino del práctico y ese que, nos topamos con una carreterilla libre de barrizal y decidimos hacer una U para salvar ese tramo.

Ya estaba cayendo el sol en el Guadalquivir cuando llegamos a la barcaza que nos devolvería a Coria por 5€ persona y bici. Desde aquí ya solo quedaría orientarnos para recuperar los coches.  

Os dejamos, como siempre, los tracks de esta aventura: etapa 1, etapa 2 y etapa 3

PD: esta crónica se la debemos a Ramón, por su recomendación proactiva “esperamos poder compartir, algún día, una nueva epopeya por tierras del sur”… y a esa otra familia de followers de Valencia, que, sin conocernos, se aventuraron a venir y a superar todas las pruebas de la titan race pekebiker, además, con nota.

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