Después de unos días entre espesura y campos de cultivo por el interior de la Bretaña, es hora de cumplir nuestro propósito de unir las costas bretonas y alcanzar el golfo de Morbihan, o también llamado pequeño mar.

Dado que la vía verde solo llega hasta Questembert y que Vannes es un sitio muy turístico, decidimos no aventurarnos por carretera e ir a lo seguro. Así que, atendiendo a los consejos de Rachel, la propietaria del B&B de Rochefort en Terre, ciclamos hasta la estación de Malansac, más próxima que la de Questembert, que era nuestra idea inicial, y en menos de 6 km nos plantamos en el tren que nos dejaría en Vannes.

Si seguís nuestros pasos y decidís hacer lo mismo, informaros antes de dónde y cómo poder adquirir los billetes de tren, porque nosotros pensábamos hacerlo en la misma estación, y cuando llegamos, nos encontramos con un edificio que no parece estar operativo y tampoco vimos máquinas expendedoras. Nos montamos de polizones en el tren sin saber si nos llevaríamos la sorpresa de una multa, menos mal que el trayecto era corto y los nervios duraron poco.

Ya en Vannes, nos instalamos en nuestro Airbnb y salimos a explorar esta ciudad amurallada a orillas de su animado puerto. Paseando por entre sus calles y plazas podremos observar las casas de entramado de madera más antiguas de Bretaña, y aunque parezca raro, se ve que antaño su estructura no gustaba y era una práctica habitual esconderla. Afortunadamente, las modas cambian y esas vigas dan, hoy en día, el toque de glamour a las coloridas fachadas, sirviendo de reclamo turístico.

Muralla Vannes, Bretaña francesa

Vannes, Bretaña francesa

Vannes se emplaza a orillas del golfo de Morbihan, lo que hace multiplicar “n” veces su encanto. Salpicado de numerosas islas e islotes, pantanos y marismas, es refugio tanto de aves migratorias como de turistas ávidos de sosiego junto al mar. Es así como han aflorado, en los últimos años, segundas residencias a las afueras de los pueblos costeros. Sin embargo, no confundirse, el turismo de Morbihan no es un turismo de playa, no siendo especialmente bonitas, sino que está más orientado a la naturaleza y al encanto del golfo. Su atractivo reside en esos paseos náuticos entre islas, rutas a pie o en bicicleta por senderos costeros entre bosques de pinos, o la contemplación del paisaje desde sus roquedos.

Vannes, Bretaña francesa

Un dicho bretón sostiene que el golfo tiene tantas islas como días tiene el año, aunque solo dos tienen un tamaño considerable como para albergar población: la  Île aux Moines y la île d’Arz, a las que se puede acceder en barco.

Nosotros nos decidimos por visitar la île d’Arz, cogiendo el barco en el puerto de Vannes, a la altura del Aquarium. En 40 minutos y a 10,4€ adulto y 5,7€ niño pisamos tierra firme, topándonos de lleno con una tienda de alquiler de bicis y otros artilugios. Fue en aquel preciso instante cuando nos arrepentimos de no haber transportado las nuestras, nos hubiera encantado recorrerla en modo verano azul. Aun así, disfrutamos muchísimo de esa jornada, chapuzón con cangrejos, recogida de moras, vistas desde el laguito que se forma en el molino de agua (etang du moulin), visita al barco hundido y al pueblecito, enamorándonos perdidamente de sus casas.

Puerto de Cannes, Bretaña

Cementerio île d'Arz, Bretaña francesa

Casas île d'Arz, Bretaña francesa

Para mitigar el mono de bicicleta de la jornada anterior, nos organizamos paseítos por la península de Conleau, siguiendo la promenade de Paul Chapel, para llegar a su puerto, piscina natural y algún que otro restaurante donde poder avituallarse de mejillones y patatas fritas, especialidad de la casa. Track aquí. Otra opción es también, seguir el caminito al otro margen del río la marle, desde el que se tienen unas bonitas vistas.

Península de Conleau, Bretaña francesa

Península Conleau, Bretaña francesa

Península Conleau, Bretaña francesa

Piscina natural península de Conleau

Después de unos días afincados en Vannes, llega la hora de ponernos en marcha para cerrar nuestro loop bretón y regresar al punto de partida. Nos quedan dos etapas hasta Rennes y, de nuevo, decidimos coger el tren para ahorrarnos el tramo de carretera hasta Redon, punto en el que engancharemos la vía verde número 2 del mapa de Vías Verdes de la Bretaña.

Este tramo no tiene pérdida, serán unos 90 km circulando paralelos al río La Vilaine, los cuales dividiremos en dos, haciendo noche en Guipry-Messac en un apartamento rural muy cuco custodiado por una cabrita la mar de simpática que, haciendo honor a su nombre, LOL, tuvo entretenida a nuestra peke.

Canal la Vilaine, Bretaña francesa

Y con los tracks de estas dos últimas etapas ponemos broche final a nuestra ruta circular por la bretaña francesa. Track de Redon a Guipry-Messac aquí y de Guipry-Messac a Rennes aquí.

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