Allá donde el Duero se hace frontera con Portugal, y se encajona durante más de 100 km formando unos increíbles cañones profundos y extensos se encuentra el Parque Natural de Las Arribes del Duero. Declarado Reserva de la biosfera en 2015, aún no entendemos como no los conocíamos aún, y es que además la bici es perfecta para explorar esta impresionante geografía peninsular

Si queremos descubrir los Arribes en bicicleta nuestro destino es, sin lugar a dudas, Aldeadávila de la Ribera en la provincia de Salamanca. Este pueblo es el epicentro desde donde salen todas las rutas de bici, cuenta con un centro BTT y una Oficina de Turismo en donde te informan y te dan los mapas con todas las rutas posibles de bici y senderismo. Aldeadávila de la Ribera cuenta con todo tipo de alojamientos, desde un camping muy tranquilo a las afueras de la localidad, casas rurales y hoteles, youth hostel international, además de un área de autocaravanas gratuito en donde se puede pernoctar. Además, una vez aquí, nos podemos olvidar del coche puesto que todas las rutas parten del municipio y por lo tanto es muy fácil coger las pistas. El centro BTT tiene balizados ocho itinerarios principales, más siete que son extensiones que se pueden realizar desde los primeros. Tenéis la información completa con las rutas y sus variantes en la web del centro BTT. De todos modos en el mapa que te procuran en la Oficina de Turismo también encontraremos el perfil, el desnivel y la dificultad, esta última siguiendo las denominaciones que se utilizan en las pistas de esquí, es decir: verde, azul, roja y negra de menor dificultad a mayor.

Básicamente, y resumiendo, estas rutas te llevan a conocer los principales miradores sobre Las Arribes o la zona de dehesas y bosque mediterráneo que lo rodea. Señalar que los caminos están balizados pero conviene descargarse los tracks, puesto que en algunas intersecciones han desaparecido o nosotros no fuimos capaces de encontrarlas, también decir que algunas rutas se solapan o se cruzan y una vez alejados de los núcleos urbanos aparece la señal pero no el número que le correspondería (del 1 al 8), de ahí la importancia de los tracks, aunque orientarse es fácil puesto que el río Duero es una referencia omnipresente.

Obviamente si hemos venido hasta aquí es porque queremos ver Las Arribes; se llama así a la impresionante garganta que forma el río Duero en esta zona y que es la frontera natural con Portugal, aunque hoy en día la garganta la ocupa el embalse de Aldeadávila, que forma la presa del mismo nombre, y que es una impresionante obra de ingeniería realizada en un entorno salvaje y que ha sido incluso utilizada para filmar películas de James Bond!!! (Wowww!)

Por lo tanto es imprescindible acercarse a algunos de los miradores que cuelgan de los acantilados y que nos proporcionarán unas vistas espectaculares, además de suplicarnos unas cuantas fotos. Nosotros fuimos a los de La Mariota, El picón de Felipe, Peña del Águila y el Pozo de los Humos con las bicis y al de Rupurupay andando.

  • El Mirador de La Mariota ofrece una panorámica sobre la parte oriental de Los Arribes, y del paisaje que se repetirá a lo largo de todo el cañon. Nosotros seguimos con la bici el camino de las Alpujarras (ruta numero 4 en el mapa) para coger luego la variante 4V1 hacia el Mirador de la Mariota. Está catalogada como fácil pero comentar que para llegar a este lugar se sigue un camino con continuos sube y baja, que finalmente desciende para asomarse al mirador, lo que significa que luego tendremos que afrontar un buen desnivel para regresar a la meseta.

 

  • El Picón de Felipe, llamado así por una leyenda local sobre un pastor, como no, de nombre Felipe como nuestro compañero Pekebiker :-). Está catalogada como de dificultad fácil, son unos 16 km y 200 m de desnivel que con bici se hacen bien. Nosotros optamos por coger el antiguo camino del santo (ruta 7 en el mapa) y de ahi seguir hacia el picón de Felipe por la ruta 3.   El camino que nos conduce es bastante llano, atravesando dehesas y bosque bajo en donde pacen tranquilamente bovinos, ovejas y cabras, para finalmente bajar por una senda algo complicada, sobre todo si se remolcan niños, hasta el lugar. Otra opción es continuar hasta el aparcamiento de coches y desde allí acercarnos andando, puesto que este camino está empedrado y atraviesa un puente hecho de lajas de piedras muy estrecho que es impracticable con carros y complicado con weehoos, follow-me y otros inventos, además de ser muy incómodo debido a las piedras. Si se ha optado por el primer camino no cabe otra que salir por este segundo itinerario, por lo tanto hay que recordar llevarse un candado para no complicarnos la vida o para que no nos la compliquen :-). El lugar es de los más impresionantes puesto que está situado como un balcón encima de la presa, y nos da una idea de la profundidad del cañón y de la magnitud de la misma, además de una panorámica de la zona.

  • La Peña del Águila es el mirador más alejado de Aldeadávila, las pistas transitan por la extraordinaria dehesa salmantina y llegan a este lugar poco visitado por los turistas, en donde después de cruzar una zona de picnic muy bien acondicionada accedemos al mirador desde donde se divisa todo el valle hasta que este se estrecha y se cierra por la presa. Es interesante puesto que es diferente a todo lo que hemos visto antes. Desde aquí volvemos atravesando el Parque Natural de las Arribes del Duero, en toda su soledad. Para acceder a la Peña del Aguila primero cogimos el Camino de los Zarzales (ruta 6 en el mapa) para luego optar por la variante 6V1 hacia la peña.  

  • El Pozo de los Humos es la mayor atracción de la zona y por lo tanto donde os encontraréis más gente, se accede por el pueblo de Masueco de la Ribera y desde allí salen dos caminos de tierra, uno para coches y otro para caminantes y ciclistas que van a desembocar a un aparcamiento desde donde solamente se puede pasar andando o en bici si te atreves. Nosotros bajamos en bici con el Weehoo, es un camino con una fuerte pendiente y algo roto que te deja en el salto de agua y que requiere cierta habilidad, la subida si no llevas e-bike o vas solo sin pekes,  es de las de pie a tierra y a empujar. El sitio es bonito aunque muy antropizado, se observa el salto desde una posición cenital desde diferentes miradores y sobre una pasarela que te sitúa justo encima de la poza en la que se desploma el agua, obviamente dependiendo de la estación el lugar será más o menos espectacular. Para situaros en el mapa, nosotros cogimos el antiguo camino del Santo (ruta 7 en el mapa) y desde ahí optamos por la 4V2 hacia el pozo de los humos.

  • El mirador de Rupurupay es otro mirador, o lo que es lo mismo otra variación sobre el tema de Las Arribes. Esta ruta la hicimos andando lo interesante de este sitio es que una vez que llegas a él, continúa por una senda no ciclable que transcurre paralela al cañón y por un frondoso bosque mediterráneo y atravesado por arroyos que en primavera supone una delicia para los sentidos, tras unos kilómetros asciende de nuevo a la meseta y desde allí podemos continuar por el collado disfrutando de unas vistas impresionantes, para luego retornar al pueblo tras haber caminado unos 17 kms. Si se vuelve nada más ascender, la caminata se queda en unos 13 kms. Para situaros, nosotros hicimos las variantes 8V1 y 8V2 del mapa. 

A modo de resumen para senderismo la zona es muy bonita aunque algo repetitiva, pero si os animáis a «patear» la zona encontraréis un montón de ideas de rutas aquí. Desde el punto de vista ciclista la zona ofrece multitud de posibilidades, nosotros hicimos unos 50 kms cada día para visitar los miradores y disfrutar del aire libre y de una primavera deslumbrante. Comentar también que la zona en sí es en general dura, puesto que hay que superar grandes desniveles cuando nos acercamos a los miradores y porque el entorno es de colinas, lo que suponía que al final del día a veces habíamos acumulado más de mil metros de desnivel. Por tanto en nuestro caso llevábamos a la peke Lola en la weehoo tan ricamente porque para niños autónomos de esta edad (6 años) es complicada. En este artículo os contamos otros artefactos para remolcar niños, para que esto no sea un impedimento a la hora de hacer una incursión en los Arribes del Duero. 

Obviamente nosotros hemos realizado este viaje en primavera, después de una semana de lluvias y con una temperatura perfecta para pedalear, en torno a los 18º, que pensamos que es momento ideal para acercarnos a las Arribes, en verano imaginamos que será muy caluroso y menos atractivo.

En todo caso una zona pintoresca, única y no muy masificada, puesto que para acceder a los miradores solo existen caminos de tierra y en algunos se aconseja coches todo terreno, lo que aleja a la mayoría de los turistas de coche, la mayoría opta por coger un barco que recorre parte del embalse mientras que alguien te cuenta lo que estás viendo o ir a algunas de las playas accesibles por la zona, sobre estas últimas dos actividades no os podemos contar nada, claro es, nos dedicamos a ciclar 🙂 pero como actividad complementaría es una buena propuesta 🙂 

Y con estos paisajes nos hemos puesto muy poéticos y nos despedimos con un poema de Miguel de Unamuno (Poema Durium, Duero y Douro; Publicado en Hora de España, 1938)

«Arribes de Fermoselle, por pingorotas berruecos,

temblando el Tormes acuesta en tu cauce sus ensueños»

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