Si os gustan los bosques de pinos y deleitaros con una buena copa de vino, la comarca de Tierra de Pinares es vuestro destino.

Y sin haberlo deseado, me ha salido un pareado…

A veces sentimos complejo de oficina de turismo, pero tenemos tanta suerte en España con la variedad de paisajes, gastronomía, historia, monumentos, y fiestas de las que podemos disfrutar, que falta tiempo para explorarlo todo. Aquí va una propuesta, solo apta para hacer con los pekes en silla, y adultos con buenas piernas.

En la Cuenca del Duero, al norte de Segovia y sur de Valladolid, allá donde los viñedos se entre mezclan con kilómetros y kilómetros de bosques de pinos, una infinidad de vías pecuarias os estarán esperando para descubrir una zona donde Aznar veraneó varios años, antes de descubrir Marina d´Or, y donde durante su mandato reunió anualmente a afiliados y simpatizantes; algo tendrán los caldos de cultivo Ribera del Duero para que Aznar pusiera en el mapa un pueblo llamado Quintanilla de Onésimo.

Entre pinos y vinos

Localizamos una casa rural en el Valle de Valimón, Valladolid, todo un remanso de paz en medio de la nada; hicimos de este caserío restaurado nuestro centro de operaciones, un sitio ideal para ir con niños, pues dispone de apartamentos para alquilar, y un montón de terreno donde poder correr a sus anchas.

Casa rural Valimon

La mañana del sábado, salimos de la casa ya montados en la bicicleta y preparados para la aventura; cogimos una pista muy cómoda con diversas indicaciones: sendero de la sombría, sendero de las viñas…

Sendero de la Sombría

Todo iba bien, hasta que se nos empezó a complicar el terreno pasado Santibáñez de Valcorba, primero fue la arena que sorteamos metiendo platín.

Tierra de Pinares

Pero después llegó el cuestón de la muerte, no apto ni para un superviviente de los 10.000 del soplao.

Cueston Santibañez

Claro que, todo tiene su recompensa, y el desnivel superado nos hizo disfrutar de unas vistas estupendas.

Vistas de tierra de pinares

Comenzamos la bajada hacia Traspinedo, y empecé a notar que la rueda delantera me iba haciendo algunos extraños, se me iba hacia todos los lados y sentía que en cualquier momento aterrizaría en el suelo; resultado: ¡pinchazo al canto!, es lo que tiene ir entre pinos…

Si alguna vez vais a Traspinedo, no dejéis de probar sus famosos pinchos de lechazo; a nosotros se nos complicó el día y nos quedamos sin degustarlos, y es que al llegar al pueblo descubrimos que: tenía un nuevo pinchazo en la misma rueda, el stock de cámaras agotado, y el pegamento para los parches mas seco que el ojo de la Inés, así que a Felipe no le quedó otra opción mas que completar la ruta él solo, y venir con la furgoneta en nuestra búsqueda. Aquí os dejamos el track.

Completamos el fin de semana con una visita teatralizada al Castillo de Cuellar; Noelia no daba crédito a lo que estaba viendo, la mismísima Duquesa de Alburquerque, con vestido de princesa, nos contaba la vida en el castillo y los devaneos amorosos de su esposo con doncellas de la villa.

Castillo de Cuellar

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